El vino ha tenido mucho de bebida, de alimento, de liturgia; ha sido objeto de comercio, ha estado presente en rituales, en celebraciones y ceremonias, ha otorgado prestigio social, y su consumo estableció la frontera entre el mundo bárbaro y el civilizado. Por todo ello, las cepas llegaron incluso a lugares donde la climatología era adversa a este propósito, y uno de estos vinos fue nuestro chacolí, un caldo que, lejos de lucir un apelativo geográfico, fue bautizado con un adjetivo que no tenía como propósito alabar sus virtudes organolépticas, sino más bien lo contrario.
En los valles vascos del Cantábrico tenemos constancia documental de viñas desde la Alta Edad Media, produciendo un vino de la tierra al que, siglos después, llamaron chacolín, al menos, desde el primer cuarto del siglo XVI, sino antes. Por tanto, como todos los vinos, ha tenido una trayectoria social relevante, y una presencia destacable en el comercio y en la economía de nuestras villas y anteiglesias a lo largo de los siglos XVII, XVIII y XIX.
Pero, más allá del recuerdo de nuestros chacolines como centros de ocio que fueron para el disfrute del tiempo libre y el encuentro con familiares y amigos, de las canciones y coplas que en ellos resonaban, y más allá del aspecto folclórico y de la nostalgia nacida de aquella llamada ‘cultura chacolinera’, hemos querido hacer un recorrido en el que todo esto y mucho más tuviera la cabida que merece este vino, tratado con el mismo rigor y seriedad que cualquier otro tema objeto de investigación.
Mediante la exposición «CHACOLÍ, EL VINO VASCO CON NOMBRE PROPIO» queremos hacer un viaje en el tiempo e invitarte a participar en él, un viaje que arranque desde la vid silvestre y los primeros cultivos, y en el que podamos disfrutar de algunos de los documentos indispensables para seguir la historia de nuestro vino. También seguiremos la huella que las parras dejaron en nuestro paisaje, y abriremos la puerta de alguna bodega olvidada de nuestros viejos caseríos. Habrá, por supuesto, un espacio para el ocio con el chacolí como protagonista, y cantaremos coplas y canciones creadas en aquellos momentos de alegría. Tampoco dejaremos de lado, como un caso irresoluble, el origen de la palabra chacolí, con el apoyo de todas cuantas hipótesis se han barajado hasta el presente. Y veremos, con tristeza, la llegada de las plagas que asolaron el paisaje del viñedo, al tiempo que sonreiremos con el renacer del cultivo y de un vino reconocido hoy por su calidad.
Todo esto y más podrás degustarlo en el Txakolin Museoa-Txakolingunea de Bakio, hasta el mes de septiembre de 2026, con más de setenta objetos expuestos, desde época romana hasta el siglo XX; con decenas de fotografías, antiguas y nuevas, y textos breves pero precisos para que la historia del chacolí no se quede en el folclorismo y la anécdota con que ha sido tratado en la mayoría de las veces, y te sorprenda con los documentos y datos que a buen seguro desconocías. Acompáñanos en este viaje a través del chacolí.
Juanjo Hidalgo