Apuntes de etnografía

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El espacio La Terminal del proyecto ZAWP. Fuente: ZAWP-Haceria Arteak.

El patrimonio industrial es el conjunto de bienes muebles, inmuebles e inmateriales heredados de la época industrial. En opinión de algunos expertos, puede clasificarse también dentro del patrimonio arqueológico, ya que comparte características con esa categoría: es un reflejo de otra época, posee interés histórico y no está «vivo». Aunque abarca una gran variedad de bienes, el siguiente escrito se centrará en los elementos inmuebles, concretamente en la reutilización de talleres y fábricas en la provincia de Bizkaia.

La Revolución Industrial, además de marcar una época en la historia, trajo consigo cambios profundos en múltiples ámbitos: la redefinición de los paisajes urbanos y rurales, el surgimiento de la clase obrera, el aumento de los flujos migratorios… Como consecuencia, estos bienes son testigos de la transformación social, económica y cultural que la industrialización provocó en nuestra sociedad.

A medida que la historia avanzó y nos acercamos al siglo XXI, debido a la desindustrialización, muchos edificios quedaron abandonados, en riesgo de ruina y pérdida. Afortunadamente, el carácter simbólico y cultural de este tipo de patrimonio despertó interés por su conservación y valoración. El verdadero punto de inflexión para su protección fue el Plan Nacional de Patrimonio Industrial de 2002. Este plan se presentó con el objetivo de catalogar, conservar, proteger y fomentar el conocimiento de estos bienes, gracias a la iniciativa y colaboración de diversas comunidades autónomas. Además, para hacer frente a esta situación, también se crearon entidades como A.V.P.I.O.P. (Asociación Vasca de Patrimonio Industrial y Obra Pública), para visibilizar y defender dicho patrimonio.

Aunque es un gran reto, se han encontrado oportunidades para dar una nueva vida a estos edificios y se han seguido dos vías principales para su revitalización. Por un lado, convertir el propio taller en museo, para mostrar cómo era la actividad de aquella época; y por otro, adaptarlos a espacios multiusos, centrados en la cultura y la creatividad.

Un ejemplo claro del primer caso es la Ferrería de El Pobal en Muskiz. Es una fábrica hidráulica de principios del siglo XVI, cuya actividad principal fue trabajar el hierro y la fabricación de herramientas y utensilios. Se cerró en la década de 1960, pero desde que abrió sus puertas en 2004, es un museo vivo. En él se muestran dos actividades industriales importantes de aquel tiempo: la ferrería y el molino.

La ferrería de El Pobal realizando una demostración de herrería. Fuente: Archivo Fotográfico de Labayru Fundazioa.

La Fábrica La Encartada de Balmaseda también presenta su pasado a modo de exposición. La fábrica se fundó en 1892 y permaneció abierta durante 100 años; en ella se trabajaba la lana y se elaboraban diversos artículos, entre ellos, boinas. Conserva la maquinaria original y muestra las antiguas técnicas e instalaciones de la siderurgia vasca.

En cuanto al segundo tipo de uso, espacios culturales polivalentes, tenemos varios ejemplos en Bizkaia. En Gernika, por ejemplo, está Astra, antigua fábrica de armas y hoy centro referente de creación y cultura social en el pueblo. Muchos gernikarras se acercan allí como comunidad para disfrutar de conciertos, talleres y otras actividades.

Otro ejemplo es Azkuna Zentroa-Alhóndiga Bilbao, situado en el centro de la ciudad. Este hermoso edificio es la antigua alhóndiga de la villa, donde desde 1905 hasta 1970 se almacenaban vino, aceite y encurtidos. Se reabrió en 2010 como espacio para la cultura y el ocio; ofrece un polideportivo, exposiciones, cine y otros muchos servicios. Hoy en día, es uno de los centros de ocio más importantes de Bilbao.

En Zorrozaurre, por ejemplo, tenemos la propuesta ZAWP (Zorrotzaurre Art Work in Progress), una fábrica de creación y un movimiento cultural. Esta iniciativa está en marcha desde 2008, de la mano de la Asociación Haceria Arteak, y su objetivo es, participar en el proceso de reinterpretación del paisaje industrial de la Ribera a través de proyectos culturales. En esa pequeña isla de Bilbao ha habido una gran actividad industrial, sobre todo ligada a las labores portuarias; por tanto, aprovechando esos pabellones, ofrece exposiciones de arte, conciertos de música, obras de teatro y espacios de coworking para el desarrollo de diferentes ideas y proyectos.

El patrimonio industrial tiene un gran valor cultural y etnográfico, y ha generado paisajes que definen tanto al territorio como a la sociedad. Aunque preservar estos bienes sigue siendo un reto, existen vías sostenibles y reales para su conservación; estas iniciativas, además, son una oportunidad inmejorable para impulsar la participación cultural.

 

Nerea Etxebarria – Labayru Fundazioa

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