El chiquiteo es una costumbre que ha tenido gran arraigo y tradición en el País Vasco (y en otros territorios adyacentes) consistente en ir de un bar a otro ingiriendo de pie ‘chiquitos’, que son pequeñas cantidades de vino tomadas en vasos. Generalmente el espacio donde se practica se circunscribe a una o varias zonas no extensas de una localidad donde abundan las tabernas. En ellas alternan grupos de personas, ‘chiquiteros’, constituidas por cuadrillas de amigos que aprovechan la ocasión para relacionarse e intercambiar noticias bien del propio pueblo, de otros cercanos o acontecimientos generales, lo que ahora se denomina con el vocablo algo pedante de socializar. Al chiquiteo se le conoce también como poteo y a la acción chiquitear como potear.
En tiempos pasados había dos ocasiones diarias para chiquitear y solo lo hacían los hombres mayores de edad (prakadunak). La primera estaba propiciada por las dos horas de descanso (de 12 a 14 h) con que contaban, sobre todo los trabajadores, para alternar y comer. A las 14 h, en las fábricas a toque de sirena, había que incorporarse nuevamente al trabajo. Previamente muchos se tomaban lo que se conocía como café completo, es decir, café, copa de coñac o de otro licor y faria. A las 18 o 19 h de la tarde, a la salida del trabajo, de nuevo se chiquiteaba antes de retirarse a casa. Los domingos y festivos, las cuadrillas alternaban menos porque los varones se dedicaban más a la vida familiar.
El vino era tinto, peleón y lo servían en el mostrador a unos vasos pesados de base muy gruesa desde unas jarras de porcelana blanca adonde habían vertido de un pellejo de vino (zaragia), que se encontraba en el propio establecimiento. Había camareros que mostraban verdadera destreza en servir con rapidez una fila de vasos sin derramar una gota fuera.
Para alternar así la población debía contar con un número razonable de vecinos. En zonas rurales, los días laborables se tomaba vino en casa y los labradores se reservaban para tomar unos tragos juntos los domingos y festivos en que acudían a misa al núcleo o a la ermita del barrio.
Con el tiempo, las mujeres fueron incorporándose al chiquiteo, primero en compañía de varones y más tarde solas o en grupos mixtos. Se iniciaron tomando preferentemente vino blanco o clarete.
Con los jóvenes y según avanzan los años ha decaído y se ha ido modificando la costumbre del chiquiteo. Han influido en ello los nuevos horarios y métodos de trabajo y el cambio de hábitos, incluido el cuidado de la salud. Los jóvenes, y también muchos mayores, han ido sustituyendo el vino por la pequeña caña de cerveza, llamada zurito. Y los adolescentes se han organizado en pandillas que toman sus bebidas en las conocidas como lonjas, locales alquilados en los que se reúnen a disfrutar y contarse sus cuitas.
Segundo Oar-Arteta — Labayru Fundazioa