Hasta el año 1936, en los Carnavales de Lazkao la corporación municipal asistía a misa el martes y durante el recorrido les precedía una comparsa de dantzaris vestidos de blanco que portaban sendas escobas, con ellas iban simulando barrer el recorrido y al llegar a la casa consistorial formaban el clásico puente de autoridades con sus singulares herramientas. El mismo hecho de limpieza del itinerario se puede observar en la acción del Txerrero (cuidador de cerdos) al frente del grupo de aitzindariak en las Mascaradas de Zuberoa que va abriendo el cortejo con sus idas y venidas, a la vez, agita por el suelo su peculiar escoba de crines de caballo. Pero también aparece la figura de un mozorro barredor en la cuestación o puska biltzea de los txantxoak de Abaltzisketa; este personaje antecede al grupo y barre el espacio donde se bailará la makil dantza.
Del mismo modo, en bastantes celebraciones carnavalescas europeas se repiten acciones similares (bodas, copulaciones, burlescos embarazos y partos, representaciones de labores productivas u otras pantomimas) y se configuran máscaras similares (fustigadoras, ruidosas, grotescas en forma y movilidad, salvajes, etc.). Sin omitir también esa obsesiva acción de barrer o levantar el polvo, barro o nieve ante el paso de los cortejos con escobas físicas (ramas, mijo, paja o sintéticas) o simbólicas de crines de los animales cuadrúpedos o formando hisopos.
Escobas que son habituales en nuestras danzas juego (isats dantzak o sorgin dantzak) y consecuentemente, aparecen en tiempo de carnavales en manos de los disfrazados que las blanden para asustar o ensuciar a los viandantes (txatxoak en Lantz, porreros en Zalduondo, txatarrak de Arbizu, etc.). Hacen un uso más amable de estas los goitiarrak de Lesaka e Irún y en forma de hisopo, las podemos ver en ciertos personajes (joaldunak de Ituren y Zubieta o kotilun gorriak de Lapurdi).
La acción de barrer el umbral de un ámbito vivencial (caseríos, bordas pastoriles, espacios de labor tradicional, etc.) ha sido un hecho cotidiano, pero también de significado ritual como en la antigua toma de posesión doméstica de las recientes esposas (armadas de asador, velas, argizaiolak o escoba); el diario y nocturno barrido de la cocina para atraer a los seres benefactores o evitar malos espíritus. A su vez, fue una práctica común el colocar en el exterior de la vivienda la escoba apoyada en el mango (sobre ella situaban en cruz unas tijeras o tenazas para los tizones) con idea de apaciguar el mal tiempo o para evitar las visitas no deseadas.
No dejando en el tintero la infinidad de literatura inspirada en torno al supuesto vuelo de las brujas, a horcajadas en sus escobas, para asistir a la celebración del magnificado akelarre. Curiosos y abundantes rituales de paso (nacimiento, matrimonio, muerte o comensalidad), plasmados en oscuros actos mágico-religiosos y vehiculados frente a cualquier hecho (privado o social) que han necesitado de una limpieza física o la purificación simbólica del espacio que posibilite sin riesgos una acción posterior considerada como importante o significativa para el conjunto de la colectividad.
Josu Larrinaga Zugadi — Sociólogo