Apuntes de etnografía

La Feria de San Andrés de Gordexola. Fuente: Archivo Fotográfico de Labayru Fundazioa.

Cada año, a finales de noviembre y comienzos de diciembre, con motivo de la feria de San Andrés, Gordexola se transforma. La plaza Molinar, las campas y las calles aledañas se llenan de carpas, animales, puestos artesanales y gente que llega tanto de la comarca como de los alrededores. La Feria de San Andrés es una tradición bien arraigada en Las Encartaciones. Aunque está documentada desde 1709, sus raíces son mucho más profundas en la memoria del mundo rural.

En sus inicios, en un contexto en el que la ganadería tenía una importancia primordial, la feria de San Andrés se convirtió en el centro económico de la vida de Gordexola. En la economía de los caseríos de la época, el ganado mayor —bueyes, vacas, caballos— no eran solo bienes económicos; también eran elementos fundamentales que garantizaban la capacidad de trabajo, el estatus y la supervivencia de cada familia. La feria, por tanto, suponía el día más importante del año para los baserritarras, ya fuera para cerrar tratos o para renovar relaciones comerciales. Pero su importancia no estaba vinculada solo al solo en el ámbito económico: era también una oportunidad para reunir a la gente del entorno y desempeñaba una función esencial en la estructuración de la comunidad.

Burro de las Encartaciones. Fuente: Archivo Fotográfico de Labayru Fundazioa.

Con el paso del tiempo, a medida que llegó la industrialización y las prácticas ganaderas se transformaron, la feria también fue adaptando su carácter. A pesar de los cambios, no desapareció, los vecinos de Gordexola mantuvieron viva la tradición. En las últimas décadas, los concursos y exhibiciones se han adaptado para que los animales sigan siendo protagonistas. La presencia del ganado ya no forma parte únicamente de una transacción económica, sino que se ha convertido también en un acto de transmisión generacional y en una reivindicación de la memoria y la cultura del caserío. Un ejemplo de ello es el Concurso del burro de Enkarterri, un animal emblemático del valle que hoy en día está protegido por encontrarse en peligro de extinción

A partir de la segunda mitad del siglo XX, la feria de San Andrés adquirió una nueva dimensión. La presencia de productos locales y artesanía aumentó. Todos los años es común ver numerosos puestos donde venden queso, miel, pan, embutidos o txakoli. Además, oficios que antes eran parte de la vida diaria, ahora se presentan como labores artesanales: la cestería, la carpintería o la cerámica, entre otras.

Hoy en día, la Feria de San Andrés y la de la Inmaculada —que se unen por el calendario— se han convertido en una celebración popular que tiene lugar el primer domingo de diciembre. Los concursos y exposiciones de ganado siguen atrayendo a numerosos participantes, lo que permite mantener viva una parte de la ganadería tradicional. Pero la feria es hoy mucho más: el ambiente que llena las calles del pueblo, la música, los talleres, las actividades infantiles y la masiva presencia de visitantes son señales de su identidad reconstruida. Por eso, la feria de San Andrés no es solo una huella del pasado de los vecinos de Gordexola; es una expresión viva y renovada del alma actual del pueblo.

 

Nerea Etxebarria – Labayru Fundazioa

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