La Comunidad Foral de Navarra atesora en una decena de localidades una joya del Patrimonio Cultural Inmaterial que empieza a escasear en otras regiones, incluso es inexistente en la mayoría de las comunidades peninsulares, y a la que sin embargo no le damos la importancia que debemos precisamente porque estamos acostumbrados a su existencia. Evidentemente, por su escasez, esta joya cada vez tiene más valor.
Hablamos de una fiesta infantil que acontece cada 6 de diciembre, festividad de San Nicolás, antaño muy extendida en toda Navarra, y que hoy sobrevive, con mejor o peor salud, en localidades como Burgui, Barasoain, Eneriz, Garinoain, Lesaka, Monreal, Murillo el Fruto, Muruzabal… y poco más. Una fiesta, como le sucede a la del Rey de la Faba, en la que los niños y niñas se convierten, o se disfrazan de adultos; en este caso concreto, una fiesta en recuerdo a San Nicolás en la que un niño, o niña, se viste de obispo, y acompañado de un amplio séquito infantil van de casa en casa cantando una letrilla y haciendo una cuestación con la que después hacer una buena merienda.
Nos detenemos hoy en la localidad navarra de Muruzabal, en Valdizarbe. Allí se mantiene esta tradición, y además en los últimos años tiene una tendencia a recuperarse; sirvan, por tanto, estas líneas como apoyo y estímulo en ese esfuerzo. A diferencia de otras localidades navarras, aquí la fiesta infantil de San Nicolás ha tenido la suerte de ser minuciosamente descrita en cuatro ocasiones diferentes: 1977, 1998, 2015 y 2018 por diferentes etnólogos. Gracias a ello, a la comparación entre una descripción y otra, es donde vemos que esta fiesta vive en una evolución permanente, tratando de adaptarse a los nuevos tiempos. Es una fiesta viva, pero a la vez en ocasiones aparentemente necesitada de un impulso que la saque de esa línea de declive en la que hace unos años parecía haber entrado y de la que poco a poco va saliendo gracias al entusiasmo de algunas personas.
Quien hace aquí de obispo viste túnica blanca (sin cíngulo ceñidor), capa estampada sobre fondo rojo (adornada con flecos en todo su desarrollo inferior, y rematada en la parte del cuello con una pequeña capelina negra), y en la cabeza una mitra roja adornada con franjas doradas. Le acompañan monaguillos de ambos sexos, y recorren una a una la mayoría de las casas cantando la letrilla que han heredado de sus mayores y que en Muruzabal dice así:
San Nicolás coronado,
Arzobispo muy honrado,
si no nos dan, no nos den,
aquí no nos detendrán,
porque somos escolanos,
del santo San Nicolás.
Bendita el agua traemos
y venimos a rezar,
y al mismo tiempo pedimos,
lo que ustedes quieran dar,
y si de agrado nos dan,
el Santo bendecirá.
Aleluya, aleluya,
celebremos todo el día,
y en honra a San Nicolás
la meriendica caerá.
Al finalizar su canto reciben de cada casa el óbolo correspondiente que premian impartiendo la bendición. El recorrido finaliza en la Residencia Betania en donde a aquellas personas ancianas que allí afrontan el ocaso de su vida por unos minutos les hacen volver a la infancia y al recuerdo de lo que en aquella etapa conocieron, comprobando que el 6 de diciembre el recuerdo a San Nicolás sigue vivo. Y que dure.
Fernando Hualde – Etnógrafo