Según los historiadores, San Roque nació en Montpellier (Francia). Sin embargo, la fecha, e incluso siglo, continúan siendo una incógnita: se barajan varias hipótesis que lo sitúan entre el XIII y el XIV.
Sea como fuere, este santo, al parecer, se dedicó a curar enfermos de peste, también conocida como peste bubónica y muerte negra, la cual se propagó por Europa desde el siglo XIV. Sería en el XVI, cuando Deba, amurallada en aquel entonces, servía de vía de paso a viajeros y comerciantes, en su peregrinaje hacia Santiago de Compostela (ruta conocida como la “del Norte”). Debido a esta grave situación general, la villa decidió cerrar sus puertas, lo cual provocó, no obstante, que el lugar de paso local fuera por el barrio de extramuros de Artzabal.
Los vecinos de Artzabal, ante la posibilidad de contagio de los transeúntes foráneos se pusieron de acuerdo para sacar la imagen de San Roque, como acto protector, todos los años en procesión. Con el transcurrir del tiempo, de forma prioritaria y casi exclusiva, los vecinos, varones, de dicho barrio, son los encargados de trasladar la imagen en andas, manteniendo la ritualidad que confiere el acto.

El camino de subida, y de bajada, a la ermita conlleva un riesgo añadido con el santo a cuestas. Autor: E. X. Dueñas.
La procesión se realiza cada 16 de agosto, el día más importante de las fiestas patronales. Las calles muestran colgados sus típicos banderines de colores. Todavía quedan rezagados de la noche y de la mañana que se unen a los madrugadores en sus desayunos. Contraste, ya habitual, en muchas celebraciones de corte “tradicional”.
La procesión se monta después de misa en el exterior de la iglesia gótico-renacentista de Santa María la Real, en Plaza Zaharra. A la imagen, en andas portada por cuatro hombres, se le aproxima un grupo de dantzaris, unidos por palos de colores y ataviados con cintas colocadas en banda (roja y azul), en el torso que, a los compases del numeroso colectivo de chistularis, ejecuta por primera vez la San Roke Dantza. Ya a finales del siglo XIX, encontramos citada la danza en la prensa.
Una vez finalizada la danza, recorren las calles (danzando en itinerancia) que les llevan, primeramente, a una pequeña capilla de Gurutze kalea y, finalmente, a la ermita de San Roque situada en un alto.
Será después de misa cuando, en la pequeña campa de la ermita y frente, de nuevo, a la imagen del santo, vuelvan a ejecutar la danza para, acto seguido, bajar hasta el casco urbano donde, los dantzaris seguirán danzando por las calles del centro.
El cortejo finaliza su recorrido en el Ayuntamiento, pero ahí ni termina la fiesta, ni mucho menos la danza, ya que el obligado Aurreskua en la Plaza de los Fueros, convertida en estas fechas en plaza de toros (con su arena y sus gradas), sirve de colofón a los actos matutinos.
Las fiestas de San Roque en Deba, hoy en día y salvando las distancias con otras que han ido surgiendo desde el siglo XX en la localidad, continúan siendo las principales del pueblo. Durante varios días, la indumentaria blanca y el pañuelo rojo al cuello son el elemento colorista característico de la población que, quizá obviando el sentido inicial de la historia, o leyenda, toma las calles para su divertimento.
Emilio Xabier Dueñas — Folklorista y etnógrafo