
Apuesta de un gallo en Baranbio. Autor: Felix Mugurutza.
Como mañana, sábado 17 de enero, será San Antonio Abad, patrón de los animales, a la noche, se llevará a cabo en la ermita de San Antón en Baranbio (Álava), en una elevada ladera del macizo de Gorbeia, una fiesta curiosa y arcaizante, con unas subastas «a candela encendida».
Los poquísimos vecinos de dicho barrio, llamado Baranbiogoi, esperan con pasión la cita en su ermita, porque es la fecha principal de su calendario. Así, este año repetirán una vez más la costumbre que, asegura el sacerdote local, data al menos del siglo XVIII.
Tras degustar una cena elaborada entre varios vecinos y que se come dentro de la misma ermita, llegará lo más extraordinario del festejo.
En el pórtico y en plena noche, el alcalde pedáneo o una joven vecina darán comienzo a la puja de los lotes, cuyo fin es el de sacar algún dinero para mantener la ermita durante el ejercicio siguiente.
Lotes de patas u orejas de cerdo, cazuelas listas para ser comidas, botellas de vino, gallos… se mostrarán a los presentes. Y las adjudicaciones se harán con el antiguo procedimiento de las pujas “a candela encendida”, sin duda lo más excepcional del acto.
Los remates «a candela encendida» fueron el modo en el que se adjudicaban la mayoría de las contratas, servicios públicos, ejecución de obras, suministro de provisiones, arrendamientos, etc. en todos nuestros pueblos. Hasta que desapareció desde que lo prohibió la Ley de Enjuiciamiento Civil en 1881.

Subasta a candela encendida en Baranbio. Autor: Felix Mugurutza.
En nuestra fiesta de Baranbio, todo comenzará con la presentación de cada lote y la proclamación de su precio de salida. Entonces, en el preciso instante en que se prende una cerilla, es cuando comienza la magia. Será la primera de tres.
Mientras sujeta la cerilla encendida, la persona subastadora va incitando a los presentes para que cada vez pujen más alto, porque es por una buena causa.
La oferta más alta que se haya realizado al consumirse la tercera cerilla es la que se lleva el lote. Pero, por añadir algo más de emoción, si se hubiese producido una puja en la tercera de las cerillas, se prenderían otras tres. De ese modo se da opción a rematar a quien esté indeciso. Hasta que una tercera cerilla se consuma sin postura alguna.
A cada oferta, quien dirige la puja contestará con un simpático “ardaoa!” o “¡vino!”. Raudo acuden a donde el pujador con un vaso de vino cocido que ha de ingerir. Así, según avanza la noche, los ánimos se caldean y los bolsillos se hacen más desprendidos.
Cuando abandonemos el lugar nos preguntaremos si no habrá sido un sueño el haber presenciado allí arriba un remate «a candela encendida», aquel método de subastas que fue tan común en nuestro país pero que desapareció de entre nosotros hace siglo y medio. Frío, fuego, griterío y esas cerillas… esas cerillas que no olvidaremos jamás.
Felix Mugurutza – Investigador