Apuntes de etnografía

0

Respecto al término empleado para designar a estos días, en contra de lo que pudiera parecer, esa kuarta tenpora que utilizamos en euskera no proviene del hecho de que las citadas celebraciones tuvieran lugar cuatro veces al año, sino del nombre latino feria quarta. Desde un punto de vista religioso, en un principio, es decir, en la época romana, las témporas, kuarta tenporak, aparecen como días señalados por la Iglesia para el ayuno y la oración. En cuanto al nombre, feria quarta era la forma de designar un día determinado de la semana en latín: partiendo del domingo, el lunes sería la feria secunda; el martes la feria tertia y, así, la feria quarta era para la Iglesia la denominación del miércoles en latín. El día de Reyes, 6 de enero, desde el púlpito de la iglesia parroquial se solía leer el pregón de las fiestas religiosas más importantes de todo el año litúrgico. Se señalaban también las ‘témporas’, especificando el día inicial, el miércoles, comenzando con la fórmula inicial de Feria quarta tempora erit…, para, a continuación, dar las fechas para cada una de las témporas.

Pero las témporas hunden sus raíces en tiempos anteriores al cristianismo. Por su origen y significado, las témporas están estrechamente relacionadas con la concepción del tiempo —cronológica e histórica, no meteorológica— en las sociedades rurales tradicionales, que pueden resumirse en dos tipos: lineal o circular. La concepción lineal del tiempo histórico es, en general, la más utilizada en las sociedades actuales. Sin embargo, la visión circular era la más común de las sociedades de la antigüedad y tiene su origen en la observación de los diferentes ciclos que normalmente existen en la naturaleza: las estaciones, las diferentes posiciones de estrellas, astros o planetas en el cielo, etc.

Las témporas, siendo anteriores al cristianismo, a partir de esa concepción circular del tiempo, establecían al principio de cada ciclo momentos de observación sistemática de la naturaleza para anticiparse a su actividad agrícola durante los cuatro meses siguientes. Y, me atrevería a decir, incluso para pedir a la naturaleza que supiera ser benévola en ese período. La Iglesia católica, consciente del arraigo que tenían, decidió convertirlos en tiempos de penitencia; en este caso, fijará esos días dirigidos no a la madre naturaleza, ama-lurra, sino al ser supremo que llama Dios, manteniéndose en las mismas épocas que antes.

 

Abel Ariznabarreta – Historiador

Comentarios ( 0 )

    Deja un comentario

    Your email address will not be published. Required fields are marked *

    Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

    ~ ~ ~ ~ ~ ~ ~ ~ ~ ~