Apuntes de etnografía

7
Julian Redondo

Julián Redondo. Archivo Fotográfico Labayru Fundazioa.

En este momento tan duro que nos está tocando vivir, en el que el coronavirus parece haberlo inundado todo, en el que estamos sometidos a una reclusión casi total en nuestros hogares y en el que muchos tenemos que recurrir al teletrabajo para poder seguir con nuestra actividad laboral, queremos recordar un oficio que, aunque ya prácticamente desaparecido, al igual que otro tipo de artesanías, también se desempeñaba en la casa, en este caso, del artesano.

Nos referimos a los cesteros, otzaraginak, otzaragileak o zesteruak, quienes generalmente, en mayor o menor medida, combinaban su ocupación con tareas agrícolas y ganaderas; y transmitían su saber hacer de generación en generación.

Julian Redondo

Julián Redondo. Archivo Fotográfico Labayru Fundazioa.

Este oficio fue vital para la supervivencia de muchas familias a finales del siglo XIX y comienzos del XX, ya que el desarrollo industrial favoreció el crecimiento exponencial de la cestería, disparándose la demanda de distintos tipos de cestos. Así nacieron, por mencionar algunos, los municipios de Oñati y Nuarbe, en Gipuzkoa, o Muxika y Lezama, en Bizkaia, eminentemente cesteros en origen, donde se confeccionaban cestos industriales para minas, herrerías, obras, fábricas de conserva…, además de, cómo no, piezas para uso particular de los baserritarras.

El mismo progreso que propició la actividad cestera limitó, pasadas unas décadas, su campo de actuación. Los nuevos materiales y los modernos procesos de fabricación redujeron el consumo de cestos, llevando a la cestería al borde de la extinción.

El taller del cestero solía estar ubicado en una edificación cercana o anexa al caserío. También contaba con un horno donde se cocía la madera —a veces el mismo que se usaba para el pan— y un pozo donde se remojaban durante dos o tres años los troncos que posteriormente servirían de materia prima.

Sus útiles de trabajo eran bastante simples y rudimentarios: un banco de madera —astoa—, un machete, una pequeña azada, una cuchilla con dos mangos perpendiculares a la hoja, un punzón, una maza, un cuchillo para afilar las tiras y un martillo para clavar los aros.

Julian Redondo

Julián Redondo. Archivo Fotográfico Labayru Fundazioa.

El repertorio de piezas era amplio y variado: zaranak, cestos grandes con múltiples usos en los caseríos; otzara zabalak, cestas poco profundas para llevar los productos más selectos de la huerta a la plaza, conocidas en algunas localidades como karpanak; astotzarak, cestos para transportar la carga sobre burros; buruko-otzarak, cestas para portar sobre la cabeza; beso-otzarak, cestas para colgar del brazo; banastak, cestos de grandes dimensiones en los que se transportaba género de mayor tamaño, también aves, utilizados asimismo por panaderos; perikitoak, cestos de menor tamaño; artzak, utensilios para cribar y aventar grano o legumbres; talo-otzarak, canastillos donde posar los talos recién hechos; gaztai-otzarak, moldes para quesos; protectores para garrafones; nasas para la pesca; sillas y asientos de distintos tipos y tamaños; cunas… Realmente hacían de todo.

En el siguiente apunte daremos cuenta más detallada del procedimiento de confección propiamente dicho.

Akaitze Kamiruaga – Departamento Herri Ondarea – Labayru Fundazioa

Los arriba expuestos son datos de campo recogidos por la autora; citamos además La cestería del castaño en Durangaldea. Juan Unzueta de Xabier Amoros, editado por Arbaso (Asociación para el Fomento de la Artesanía Tradicional de Euskal Herria), Durango, 1998; y el excelente trabajo de investigación sobre “Cestería en el País Vasco” que Karmele Goñi presentó en un congreso etnográfico celebrado en Portugal en 1966.

Comentarios ( 7 )

  • Cestero, un oficio para el recuerdo (2) – Apuntes de etnografía dice:

    […] Retomamos nuestro relato sobre el viejo oficio de cestero allí donde lo dejamos la semana pasada, comenzando por la materia prima utilizada para el desarrollo de su técnica de entretejido y continuando con el procedimiento de confección. […]

  • Urtzi Goiti Ugarte dice:

    Beste otzara mota bat zan ‘zarea’, otzara baju eta oso zabala, bendeja eroateko plazara; eta hortik etorriko da ‘zaran’ berba. Zaranak handiagoak ziren, errektangularrak, luzeagoak eta altuagoak, jenero gehiago sartzeko.

    • Labayru Fundazioa dice:

      Eskerrik asko, Urtzi, zure ekarpenagaitik. Euskal Herrian non erabilten dozue ‘zare’ berbea?

  • Urtzi Goiti Ugarte dice:

    Leioan, argazkiren bat badekot, eduki genuen azkenarena.

    Badakit Bizkaian z-ren ahozkera s dela, baina zein da arrazoia normalizazioan ‘zare’ eta ‘zaran’ jartzearena, eta ez ‘sare’ eta ‘saran’? Posible bait da arrantzaleen ‘sare’en jatorri bera izatea, elkar gurutzatzen diren elementuez (ezberdinez, bai) eginda bait daude tresna biak.

    • Labayru Fundazioa dice:

      Euskal idatzi zaharrenetan halan agiri da: «Zaran bat dagianak bi dai». 1596ko bildumako errefraua.

      • Urtzi Goiti Ugarte dice:

        Baina gaur egun inon erabiltzen da ‘zaran’ z ahoskatuz? Nik beti s-ez entzun izan dut. XVI. mendeko izkribu batetik fonetika ondorioztatzea zalantzazkoa ikusten dut, baina iritzia baino ez da.
        Eskerrik asko benetan.

        • Labayru Fundazioa dice:

          Iturri zahar horretara jo dogu idatzizko formaren zergaitia argitzeko. Baina nahita z idatzi, s esaten dogu Bizkaian, bai ‘zare’ ahoskatzeko, bai ‘zaran’ ahoskatzeko, baita beste edozein z-dun berba ahozkatzeko be.

Deja un comentario

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

~ ~ ~ ~ ~ ~ ~ ~ ~ ~