Apuntes de etnografía

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Jose Ereño, pastor de Orozko (Bizkaia). Itziar Rotaetxe. Archivo Fotográfico Labayru Fundazioa.

Jose Ereño, pastor de Orozko, del que ya hablamos en un apunte anterior, publicado el 26 de junio de 2020, termina la elaboración de los quesos y comienza a esquilar sus ovejas entre la segunda quincena de junio y la primera de julio. Para junio, tanto José como los demás pastores han subido ya a Gorbeia, donde al ser la temperatura más baja, el esquileo se suele hacer más tarde que en los pastos bajos.

Empieza la labor temprano, cuando aún no ha amanecido, porque bien sabe que hay que aprovechar el frescor de la mañana, antes de que el sol empiece a calentar. De todos modos, para protegerse del sol tiene preparado en el corral un techo levantado con ramas de haya entrecruzadas que le sirve de cobijo.

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Caserío Irezabaleta (Mañu – Bermeo, 2011). Autor: Akaitze Kamiruaga.

La casa vasca característica del sistema de poblamiento diseminado predominante en gran parte del territorio de Bizkaia, es el caserío (baserria). Pero el término baserri abarca, además de la casa, las heredades que le pertenecen. En ese sentido, la casa entendida como unidad familiar y de producción, se adapta al entorno con un planteamiento que tiende a adquirir el máximo grado de autonomía social y autarquía económica. A esta característica responde el principio de indivisibilidad del patrimonio familiar. Asimismo, las normas consuetudinarias en torno a la propiedad y a la familia tendrán como objetivo asegurar la conservación y desarrollo del patrimonio, de la familia y de la casa, procurando que ésta se mantenga dentro de la unidad familiar. En este contexto cobran sentido instituciones básicas del derecho consuetudinario que conocemos en Bizkaia como la troncalidad, la libertad de testar y la comunicación de bienes.

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Niños pastoreando en Armentia, c. 1925. Fuente: Archivo Municipal de Vitoria.

Se conoce un antiguo refrán tomado de la obra La pícara Justina que reza: “Nadie nace enseñado, si no es a llorar”, del que también se conocen variantes tales como “nadie nace aprendido” o “nadie nace sabiendo”. Viene esto a cuento de que toda labor requiere de un período de aprendizaje más o menos prolongado, aunque algunos se queden en los primeros pasos del recorrido sin llegar a más.

En las encuestas sobre el pastoreo en el monte Oiz (Bizkaia) recuerdo haber recogido a pastores experimentados que el zagal (pastore-ikastailea) se iniciaba con nueve o diez años de edad y el aprendizaje duraba al menos tres años. En ese tiempo le estaba permitido ordeñar a unas pequeñas marmitas la leche que quedaba en la ubre de la oveja una vez que el pastor la hubiera ordeñado. En el esquileo (ardi-moztea) se estrenaba cortando la lana de las zonas de la tripa y cuello del animal. Cuando comenzaba a sacrificar reses lo hacía bajo la atenta mirada de personas avezadas hasta que pudiera hacerlo solo. Incluso llevaba a cabo algunas labores propias del perro pastor.

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El cortejo dando la vuelta a la plaza (Iholdi, 18/06/2006). Emilio Xabier Dueñas.

Alrededor de cincuenta años después de 1264, año en el que el papa Gregorio IV instituyó la festividad del Corpus Christi, las procesiones pasaron a formar parte de esta celebración. Con gran pompa y boato se fueron agregando elementos “extraordinarios” (gigantes, cabezudos, tarasca, comparsas de gremios, etc.) pero, el paso del tiempo y la recomendación del Concilio Vaticano II de la supresión de tanta parafernalia, ha ido diluyendo (en muchos casos, desapareciendo) la conmemoración hasta llegar a nuestros días.

El trayecto histórico ha sido largo y, hoy en día, son pocos los lugares donde se conservan o se han recuperado algunos elementos de la fiesta, destacando Toledo, Sevilla, Valencia y otras localidades con personajes singulares e incluso excéntricos. En nuestro entorno, son contadas las poblaciones que lo celebran. Junto a los ondeos de bandera en Lesaka, Bera o Doneztebe, es Oñati donde se ha mantenido, con cambios poco reseñables, desde el siglo XVI.

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