Apuntes de etnografía

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Jule, a la derecha, con su hermano Antonio y su hermana Iñake. Fuente: Miren Gabilondo.

El pasado 14 de marzo se presentó en la casa de cultura del palacio de Torrebillela de Mungia el libro que la escritora Jule Gabilondo Maite escribió en la localidad labortana de San Juan de Luz entre los años 1937-38. El salón de conferencias se llenó de asistentes deseosos de conocer mejor la trayectoria de la escritora.

Jule Gabilondo Arruza-Zabala nació en Mungia el 29 de enero de 1902. El padre, Juan Gabilondo Azurmendi, médico, era natural de Zegama (Gipuzkoa) y la madre, Leonor Arruza-Zabala Etxaburu, natural de Gueñes (Bizkaia). El abuelo, por parte de madre, Raimundo Arruza-Zabala había nacido en Mungia, pero se casó al pueblo de Gueñes y al cabo de unos años retornó a su localidad natal con toda la familia.

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Mascarada representada por mujeres; Eskiula, 1992. Fuente: Iker Uthurralt.

Las mascaradas son los carnavales tradicionales de Zuberoa. En las mascaradas, la sociedad se presenta dividida en dos grupos. Por un lado, los rojos, que representan la sociedad buena, honrada y formal. Entre ellos se encuentran las cinco personas principales: el señor y la señora, el labrador y la labradora, y los mariscales. Frente a ellos están los negros, sucios, harapientos e inmorales. En este grupo están los gitanos, integrados en Zuberoa desde antiguo, aunque la sociedad durante mucho tiempo tuviera prejuicios contra ellos. Además, están los personajes que interpretan antiguos oficios: los afiladores de espadas, los castradores de caballos, o los caldereros que arreglaban los calderos agujereados. El objetivo de la mascarada es, además de dar una imagen de la sociedad, criticarla de modo satírico.

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Cuculus cannorus (hembra). Autor: Trebol-a.

«Cu-cu, cu-cu», ¿quién no conoce este característico sonido natural? Sin duda, es la melodía más conocida en el mundo de las aves, y ello se refleja en la denominación de este pájaro en diferentes idiomas: kuku en euskera, cuco en castellano, coucou en francés, cuckoo en inglés…

Aunque el calendario oficial fija el comienzo de la primavera el 20 de marzo, para los baserritarras el canto del cuco (Cuculus canorus) anuncia la llegada de esta estación.

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Preparando ramos de laurel en Muxika, 2014. Autor: Igone Etxebarria. Archivo Fotográfico Labayru Fundazioa.

Las distintas culturas han tenido relación estrecha con árboles, arbustos o plantas propias de su entorno natural, representativas de sus símbolos consuetudinarios, usadas en lo culinario y en procesos medicinales, o como modelos y motivos de inspiración de sus creaciones artísticas o adornos de sus artesanías. Entre ellos, encontramos el ramo de laurel (ereinotza edo erramua) que al inicio de la primavera está en su máximo esplendor o listo para ser bendecido y exhibido o adornado durante la jornada dominical del día de Ramos. Hecho o conmemoración religiosa que simboliza la bíblica entrada triunfal en Jerusalén de Jesucristo, a lomos de un borrico y recibido en el área mediterránea por la multitud agitando ramos de olivo y palmas. Pero en el ámbito atlántico es el laurel el que se conoce por sus supuestas y posibles propiedades, su significado protector contra el rayo y condimento aromático en la alimentación que ha perdurado a través de generaciones en la memoria colectiva de nuestra cultura tradicional. Apareciendo a modo de hisopo (junto al agua y la sal bendita) que los sacerdotes católicos han utilizado para infinidad de bendiciones de personas, animales, campos sembrados o agitadas aguas marítimas, haciendas o comunidades.

Bendición por San Marcos. Undagoiti-Ibarruri. Autor: Josu Larrinaga Zugadi

En su formato de pequeño ramo bendecido y protector personal se ha colocado sobre el crucifijo que encabezaba la cama o iba sujeto al aguabenditera de cada dormitorio y en ocasiones, se guardaba una pequeña porción de su hoja perenne, cara a elaborar amuletos (kuttunak) o situarlos intercalados entre las páginas de los devocionarios. También se encuentra cuidando la casa o chabolas de montaña, embarcaciones o a sus moradores, situando un ramillete en la puerta o el dintel, el balcón, en el acceso a los establos o encima del puente de mando de los barcos. Desde la bendición del Domingo de Ramos (en algunos casos, se procede a ello en la Cruz de Mayo) las cargas de cruces (txolak edo galtzuek) de avellano y adornadas de laurel, se van colocando en las distintas heredades y se sustituyen por las antiguas custodias vegetales que se consumirán en el fuego de la noche de San Juan.

Domingo de Ramos en Bilbao. Autor: Josu Larrinaga Zugadi

Debemos tener en cuenta que en este tiempo primaveral, las embarcaciones salen a la mar, los campos están sembrados y que están a la orden del día las posibles plagas agrícolas, las enfermedades del ganado, los caprichosos fenómenos atmosféricos (heladas, granizo o pedrisco, pertinentes sequías o imprevistas y devastadoras tormentas). Conocido es que estos hechos, en otros tiempos, eran sinónimo de escasez de recursos, hambrunas, epidemias, muerte y desolación. Por otro lado, la utilidad en la medicina curativa tradicional de este arbusto es evidente y apropiada para diversas afecciones. Incluso es un elemento simbólico y habitual anunciador de la apertura de la época de degustación de algún barril de sidra o de txakolí, colocando un ramo en el establecimiento o vivienda y varias ramitas de laurel (branques) en los aledaños del lugar de producción y consumo. Sin olvidar que al finalizar la estructura constructiva o una edificación, los obreros sitúan un ramo de laurel en el punto más alto como señal de labor cumplida y sinónimo de elemento protector.
No hay duda que las colectividades tradicionales se aferraban a la interpretación simbólica e interesada de los elementos animales, vegetales y minerales que existían en su contexto natural. Dándoles un significado mítico o ritual, acorde a las necesidades surgidas en el devenir de la vida cotidiana o comunitaria, para ser elevados a un nivel de saber popular contrastado por la costumbre consuetudinaria y transmitido de modo oral o escrito. Siendo una constante en todas las culturas este proceso de contraponer elementos vegetales, como el laurel, frente a las adversidades, posibles peligros y miedos suscitados.

 

Josu Larrinaga Zugadi – Sociólogo